Vivir en soltería

Después de los 30 años, cuando los amigos se han casado y empiezan a tener hijos, la presión social y familiar, a menudo intrusa, puede ejercerse sobre los solteros. ¿Cómo podemos gestionarlo?

«¡Feliz cumpleaños! 25 años, eso es, ¡ya toca el tocado de Santa Catalina!» Paula recuerda perfectamente esta pequeña frase, que le dijo su madre hace dos años.

La tradición del día de Santa Catalina se remonta a la Edad Media, cuando todas las solteras desfilaban por las calles con tocados originales para llamar la atención de un posible futuro marido.

Detrás de este comentario inocente, Paula no había captado del todo el silencioso deseo de su madre: su carrera como asistente de guardería había empezado con buen pie, su agenda estaba llena de fiestas, fines de semana con amigos, reuniones… La vida social iba bien.

Cómo hacer frente a las pequeñas presiones

Hoy, reconoce que esta vigésima quinta vela marcó el primer día «de un poco de presión maternal». «La chica de 27 años con todas las cualidades sigue viviendo su vida social al máximo. «No soy el tipo de chica que quiere un marido a toda costa. Pero la boda de mi hermana este verano me hizo notar un poco de soledad en mi casa.»

Los tiempos cambian, los estudios se alargan y Catalina se ha hecho mayor: la presión de casarse llega más tarde para las chicas de hoy, «alrededor de los 28-29 años, cuando los matrimonios son más habituales», dice Carmen, de 29 años, médico en París. «A medida que me acerco a los 30, veo que mis amigas se casan una tras otra, que tienen bebés. Me temo que seré el último de mi grupo de amigos en quedarse atrás. La soltería acaba pasando factura, sobre todo a las jóvenes.»

Clara, de 29 años, confirma: «Ver llegar la treintena me hace ser consciente de mi reloj biológico. Me gustaría tener hijos, pero no a los 40… »

Una mujer filipina de 30 años tiene una historia personal más dura: «Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 8 años. Soy profundamente católica, me gustaría encontrar a alguien que comparta mis valores, pero tiene que ser el adecuado, porque no quiero repetir lo que vivieron mis padres.»

Divididos entre un profundo deseo de implicarse y el miedo a hacerlo mal, los solteros sienten que se estancan. Y con los años, se sienten presionados por la gente que les rodea. Aunque los hombres no sufren tanto de este estatus, no se libran de la presión.

Felipe, de 31 años, gestor patrimonial, lo confirma: «Mi trabajo es apasionante, tengo muchos amigos, en definitiva, no me aburro. Sin embargo, mi abuela no piensa lo mismo, y no deja de preguntarme cuándo le voy a traer una nieta… A la larga, es agotador.»

Carlos, carpintero de 31 años comenta «Me gustaría casarme y formar una familia, pero tengo miedo de no poder ofrecer una situación estable».

El Hermano Gaëtan Bonnasse, capellán de la Juventud de San Juan, acompaña a los solteros durante este periodo crucial de la treintena, «la edad de las primeras esperanzas defraudadas, de las primeras desilusiones». Tras siete años a su lado, sus observaciones son claras. «Todos ellos llevan un sufrimiento real, enterrado o asumido. A menudo tienen la impresión de ser inútiles, de no haber encontrado aún su lugar en la sociedad.»

Ser soltero no impide dar de sí mismo…

Paradójicamente, la sociedad moderna, al erigir la soltería como una virtud, no ha conseguido eliminar sus facetas difíciles. A los ojos del mundo, los treinteañeros solteros representan la eterna juventud, la libertad y una oportunidad sin precedentes.

Sin embargo, el sufrimiento está ahí, lo que demuestra «que los hombres y las mujeres no están hechos para vivir solos». No tienen vocación a la soltería en el sentido de que no están llamados a ella. La aspiración a vivir con otra persona, el deseo de estar en contacto con los demás está íntimamente ligado a nuestra naturaleza», confirma el Hermano Gaëtan.

La soltería se vuelve dolorosa desde el momento en que, no elegida, se sufre. Sin embargo, Bonasse, que se codea habitualmente con los solteros se muestra entusiasmado: «Son personas estupendas a las que acompañar: están llenas de expectativas y preguntas y nunca están hastiadas». No dudan en comprometerse en todas partes.»

Quiere tranquilizar: «Los solteros no son inútiles, dan frutos. Es una fecundidad no compartida, ciertamente, pero una fecundidad en santidad.» Especifica que «la santidad, en el don de sí mismo, es el destino final. El matrimonio y la vocación sacerdotal son sólo los medios.» Y la soltería no excluye el don de sí mismo, confirma Claire-Marie: «Noto que mi celibato me hace muy disponible para mis sobrinos: gracias a ello, tengo una relación de confianza que ellos no tienen con otros adultos.»

Asumir la soltería no significa resignarse ni angustiarse por ella

Claire Lesegretain, periodista y autora de numerosas obras sobre el tema, da dos consejos principales: «Por un lado, es esencial luchar contra la embriagadora obsesión por el matrimonio, no dejarse abrumar por una búsqueda frenética ya que esto puede sesgar las relaciones.

Por otra parte, hay que seguir desarrollando amistades verdaderas, sin segundas intenciones, porque es mediante la amistad amorosa como se entrena uno para amar con amor.» Pero cuantos más matrimonios pasan, más uno pierde la confianza en sí mismo…

Marie-Liesse Malbrancke ha lanzado, acertadamente, Sésamo, viajes para mujeres jóvenes cuya misión es en parte la de devolverle la nobleza a la soltería, «una ‘no-elección’ que puede llegar a ser verdaderamente fructífera, si se da la vida. La soltería y la felicidad no son incompatibles.»

Uno de sus talleres se trata del amor propio. Anima a todas las jóvenes a identificar sus propios talentos, a cultivar su feminidad, e incluso les propone un ejercicio: escribir una carta a su cuerpo, porque «¿cómo puedes amar a otra persona si no te amas a ti misma por lo que eres?». Los coros, las veladas con jóvenes católicos, los grupos de evangelización son lugares de encuentro definitivos para los solteros.

Lea tambiénAdultos jóvenes de Latinoamérica con más riesgo de morir de Covid

Por su parte, el hermano Gaëtan ha creado una fraternidad de hombres de entre 25 y 40 años, «porque la Iglesia debe acompañarles en esta faceta». Anima a los solteros que tienen miedo de tomar la decisión equivocada a rebajar su nivel de exigencia. «El marido o la mujer será la persona que eliges y decides a amar.” Pero la consigna es el compromiso. «No tengas miedo de salir de tu cueva, de tu pequeña zona de confort, acoge las relaciones. ¡Sé valiente, lánzate!”

Aleteia

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí