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Casi 500 personas, han hecho protestas y entregado distintos documentos a autoridades argentinas y venezolanas
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Organizados en un grupo de casi 500 personas, han hecho protestas y entregado distintos documentos a autoridades argentinas y venezolanas. Entre los afectados hay niños, personas de tercera edad y discapacitados

Cuando llegaron a Argentina lo hicieron cargados de esperanzas, sueños, aspiraciones. Algunos tenían la meta de juntar algo de dinero para enviarles remesas a sus familiares; otros soñaban con reunificarse a cuentagotas con sus seres queridos en estas nuevas tierras en las cuales pretendían abrirse camino. Pero entre vaivenes económicos, laborales, emocionales, más una pandemia de por medio que a más de uno le modificó todos los planes, en la actualidad claman porque entre el gobierno argentino y el régimen de Nicolás Maduro se hagan las gestiones que les permitan regresar en vuelos humanitarios a Venezuela.

Génesis Navarro tiene 27 años de edad y es madre de una niña de siete años de edad, más otros dos hermanos varones de seis y tres años, todos nacidos en Venezuela. Los cuatro llegaron juntos a Buenos Aires en mayo de 2019. En Caracas quedó el padre, con la expectativa de viajar en cuanto fuera posible. La decisión de emigrar, entre otras cosas, se basó en garantizarles un mejor futuro a los niños.

En Venezuela la estaba pasando mal. Se hacía difícil con tres hijos. Vine con la meta de trabajar y que estuviéramos todos juntos, además de proveerles comida y estudio”, explicó Navarro para El Diario.

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En Caracas trabajó como asistente administrativa en una empresa agropecuaria, pero por la crisis económica se le hacía cuesta arriba mantenerse. En la Ciudad de Buenos Aires, luego de comenzar en una panadería, pasado un tiempo le dieron la oportunidad de incorporarse a un taller de ropa, donde tuvo cierta estabilidad hasta que quedó desempleada.

“No tenía ni idea de costura, me fueron enseñando. Me iba bien, pero hace meses he buscado trabajo y no consigo nada. A eso se suma que me mandaron a desalojar del departamento que tengo alquilado. Es una situación demasiado incómoda; si me va a pasar algo prefiero morirme en Venezuela”, agregó.

En una situación similar se halla Fabiola Hernández, una administradora que tuvo la fortuna de llegar con un trabajo en una fábrica, con el cual inicialmente trataba de impulsarse adelante a sí misma y a su hija de seis años de edad. Sin embargo, entre el casi no poder pasar tiempo con su nena y un problema que arrastra en la cervical por pasar mucho tiempo sentada ante un escritorio, tuvo que dejar su empleo. Ahora, para subsistir, reparte comida con una empresa de delivery.

“La situación me llevó a esto. Compré una bicicleta, no tenía otro trabajo”, contó Hernández, oriunda de Maracaibo, estado Zulia, pero que vivió 30 años en la isla de Margarita, donde dejó una casa que es de su propiedad.

Su futuro, reconoce, es incierto. Por un lado agradece su experiencia en Argentina, por otro, siente que le es complicado, con sus ingresos y sin ayuda de otros familiares, satisfacer sus necesidades básicas y atender a su hija. En ese sentido, al no tener que pagar alquiler en Margarita, espera sentir cierto alivio económico.

“Si tuviera una casa aquí no me iría, no me quisiera ir. Este país es hermoso. Varias personas juntas, con trabajo, pueden surgir, pero estoy sola. A Venezuela la amo pero está destruida. Allá no sé qué voy a hacer pero al menos tengo familia que me puede dar una mano”, analizó.

Quiso que los suyos viajaran, ahora espera regresar

Robert Salima combina las conclusiones de Génesis y Fabiola. Extraña a su familia, al tiempo que coincide en que en Venezuela, entre otras cosas, es un alivio no tener que pagar un alquiler, ya que cuenta con una vivienda propia.

Ingeniero civil de profesión, actualmente con 54 años de edad cumplidos, partió de Coro, estado Falcón, con la meta de conseguir un trabajo con el que poco a poco pudiera pagarle el viaje a su esposa y a sus hijos, de 15 y 13 años.

Aunque trajo consigo sus documentos de estudio, no pudo apostillarlos, por lo que no cuentan con validez internacional. Aun así laboró en restaurantes, quioscos, como chofer. Siempre estuvo dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de cumplir su sueño. Y de ir a donde hiciera falta. De hecho, su periplo lo llevó a conocer distintas provincias de Argentina: vivió un año en Formosa, pasó una temporada en Córdoba, otra en Corrientes.

Ahora, para estar más cerca de la embajada venezolana en Argentina, reside en Quilmes, un poblado en la Zona Sur del conurbano de la provincia de Buenos Aires, ubicado a aproximadamente una hora de la Capital Federal.

“Muchos trabajos solo dan para pagar el alquiler y comer. A mi familia quiero ayudarla, estar con ellos. En Coro, por lo que me dicen, hay problemas con la electricidad y el gas, pero estando acá a veces no tengo cómo pagar”, expresó Salima a El Diario.

Con todo, ve el lado positivo de haber conocido lugares y haber aprendido cosas nuevas, de las que espera sacar provecho en Venezuela.

Son casi 500 que esperan por vuelos humanitarios a Venezuela

Los casos de Robert Salima, Génesis Navarro y Fabiola Hernández no son aislados. Lejos de eso, son solo algunos de los aproximadamente 500 de los que tiene constancia el grupo “Vuelo Humanitario”, en el cual venezolanos esparcidos por casi toda Argentina se han organizado para volver a Venezuela.

“Hay gente que llegó poco antes de la pandemia, otros que vinieron de viaje y quedaron atrapados por el cierre de fronteras, otros que tienen años en Argentina, pero han pasado situaciones difíciles en este último tiempo. Hay personas mayores, niños, discapacitados. No es un grupito, es un problema real que nos afecta”, expresó a El Diario Kenny Oropeza, joven de 33 años de edad, quien es uno de los referentes de la iniciativa.

En enero de 2021, detalló, entregaron una lista con 80 personas que solicitaban la repatriación. Ese grupo aumentó a 251 personas, a las que recientemente sumaron, a través de Whatsapp, a otras 224, para un total de 475, a las que no descartan sumar otras nuevas.

Para ganar visibilidad en su reclamo, el pasado 9 de junio acudieron a protestar a las afueras de la Embajada del régimen de Nicolás Maduro en Buenos Aires. Los atendió la cónsul Katiuska Maestre, aunque hasta el momento no han sido recibidos directamente por la embajadora chavista Stella Lugo.

También se trasladaron a la sede de la Cancillería de Argentina, donde les recibieron una petición para que la revisara el canciller Felipe Solá. Y el jueves 15 de julio hicieron lo propio a las puertas de Casa Rosada, donde en presencia de El Diario, funcionarios de Presidencia les recibieron y sellaron otro documento en el que les pidieron interceder para agilizar los vuelos.

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Hasta ahora, no obstante, siguen a la intemperie, sin fechas estimadas para vuelos humanitarios a Venezuela. “Nos han atendido amablemente, pero nos sentimos sin respuestas. Sí han llamado desde la embajada a la gente para verificar datos personales, dónde están, si tienen hijos, si son varados o es que necesitan regresar, pero hasta ahí”, dijo Oropeza.

Mientras tanto, insisten. Entregarán más petitorios y organizarán más jornadas de protesta; todo con tal de que alguien, bien sea el gobierno argentino o el régimen venezolano, les brinde alguna alternativa.

El Diario

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