Miss Chile, Daniela Nicolás

Al menos tres migrantes integran el equipo de la candidata del sur que, junto a la reina criolla, se disputarán la corona de la belleza universal.

Faltan horas para que se celebre en Florida, Estados Unidos, la 69° edición del certamen de belleza Miss Universo, bajo la emergencia sanitaria del covid-19 y las respectivas normativas de bioseguridad, donde al menos 70 mujeres de distintos países competirán para llevarse la tan anhelada corona.

El veredicto final se conocerá el domingo 16 de mayo en un ceremonia que se transmitirá desde las 8:00 pm, hora de Caracas.

Aunque como es costumbre, Venezuela envió a su representante al concurso, el país también tiene a una delegación que, casi de manera orgánica, surgió en Chile: un grupo de venezolanos, entre diseñadores, estilistas, maquilladores y orfebres que forman parte del equipo de preparación de la candidata de Miss Chile, Daniela Nicolás.

Una de las que se proyecta como favorita y que se perfila como una de las más mediáticas, con más de 600.000 seguidores en Instagram.

«Aún no lo creo. Es una oportunidad para crecer y una motivación gigantesca», cuenta para El Diario Veruska Antía, la venezolana encargada de la orfebrería que lucirá Nicolás en su desfile de traje típico. Su marca, Copper Glam, surgió en medio de la pandemia como motivo de oxígeno y alimento del alma, a sabiendas de que a ella siempre le gustó el diseño y la orfebrería. Las creaciones que antes hacía para su familia hoy las comparte con el mundo.

«El traje típico de Nicolás simboliza una sirena del sur de Chile, ‘la Pincoya’; y los pendientes se llaman Ariel, como la sirenita de Disney», explica Antía, quien confiesa abiertamente el impulso que para ella representa este certamen.

«Estoy emocionadisima porque una de mis creaciones está como complemento. La satisfacción de que tantos ojos en el mundo la vea o quizás la admire es indescriptible. Formar parte de ello así sea con un granito de arena te abre los ojos al trabajo, pasión y amor que está detrás de lo que se ve y que es obra de esas personas tan talentosas creando belleza», agrega la licenciada en Comunicación Social, quien emigró hace 4 años junto a su novio en búsqueda de calidad de vida, estabilidad emocional y económica.

Fue una propuesta de un coterráneo, y también colega en Chile, Juan Ignacio Ormeño, quien llevó a Antía a formar parte de este equipo que hoy día está involucrado también con el Miss Universo Chile.

La apuesta, desde cero

Juan Ignacio Ormeño emigró por las mismas razones que Antía, a pesar de que en principio estaba negado. Un incidente de robo aceleró el proceso y en menos de dos semanas el diseñador venezolano aterrizó en el país que años atrás vio nacer a sus padres. Aunque tenía sus papeles, decidió comenzar de cero trabajando en un centro comercial, o mall, como le llaman en Chile.

«Quería entender el por qué la gente en Chile se arregla o viste del modo que lo hace. Creo que la manera más grata era comenzar desde cero: desde la venta. Entender por qué compran. Y tras un año, eso me fue abriendo oportunidades», dice Ormeño para El Diario, quien posteriormente también trabajó en una peluquería.

Su experiencia le abrió las puertas para trabajar en otros concursos y vestir a algunas candidatas en el Miss Mundo, Miss Earth y Miss International. Ahora es uno de los encargados de la imagen de la participante chilena en el certamen de belleza universal.

«En realidad elaboré varias piezas para Daniela. Evidentemente uno nunca tiene claro si se usarán o no porque no existe una obligación de uso por parte de la candidata, la franquicia y uno. Podría no usar nada pero es un tema de riesgos que uno toma. Gracias a Dios, a su llegada a Miami, usó un vestido de organza con lunares al que le tomaron muchas fotos y hasta videos y espero pueda usar alguna de las otras piezas», confiesa el venezolano, quien recientemente lanzó su colección llamada Provenza.

Ormeño explica que lo que siempre ha buscado en sus creaciones es impulsar la confianza y seguridad de la mujer a quien viste. Sin embargo, explica que organizarse para el concurso, en medio de la pandemia del covid-19, no fue tarea fácil.

“Acá la tuvimos rudo porque cuando nos convocaron y nos entregaron las fechas del evento, a los días lanzaron cuarentena y cerraron absolutamente todos los locales. No teníamos más que dos salidas a la semana y estaban abiertos los comercios esenciales como mercados; pero ningún mall o tiendas de telas, cierres, etc. Además, ella estaba en mil cosas entre su preparación y además estaba en paralelo con sus clases de la universidad; entonces concretar una cita con ella era complejo. Por otro lado, no vivíamos cerca. En fin, creo que todos trabajamos como pudimos con los materiales que teníamos y vimos el modo, cada uno, de hacer lo mejor posible”, cuenta Ormeño y explica que fue el diseñador del traje típico quien le enviaba las medidas de la joven chilena para adelantar la confección.

“Yo no tengo un taller como lo tenía en Venezuela, entonces no cuento con un personal adecuado y me demoro mucho más en lo que me debería demorar en la confección y elaboración de piezas”, lamenta. Sus diseños, aún desde Chile, se han expuesto en revistas en Francia, Bélgica y Australia. También ha vestido y maquillado a grandes personalidades de la televisión en Chile.

La pasión, siempre

Veruska Atián y Juan Ignacio Ormeño son dos de los casi 500.000 venezolanos que actualmente están radicados en Chile. Ambos tienen algo en común: no solo han labrado su camino motivados por su pasión, sino que también se les han abierto las puertas, gracias a su constancia y a la referencia de conocidos en el medio.

De eso muy bien sabe Héctor Sánchez, un aragüeño de 35 años de edad que migró en 2016 y ha trabajado en los principales concursos de belleza y en el Festival Viña del Mar. Aunque estudió Educación, mención Física, en la Universidad Pedagógica Experimental, el espectáculo y la farándula siempre fueron su norte.

Inició en Chile trabajando en una cocina pero, impulsado por las ganas de ejercer su pasión, buscó en las redes a parte de los encargados del concurso local, Miss Universo Chile. Se presentó y compartió el book con el material que resumía su trabajo de años atrás en Venezuela. Lo aceptaron y comenzó arreglando a una de las reinas salientes de ese año. Su trabajo gustó y fue nombrado al tiempo como uno de los estilistas oficiales de la organización.

A tan solo horas del certamen final, él se conecta en las noches, a través de Whatsapp, con la reina de Chile para concretar el look y estilismo para cada uno de los compromisos que al día siguiente debe cumplir la candidata en su agenda de presentaciones previas y evaluaciones.

Sánchez asegura que, en comparación con Venezuela, en Chile “no se fabrican misses”.

“Es súper complicado adaptarse en un principio al estilo de la mujer chilena. Viniendo de un país donde los concursos de belleza son una tradición y forman parte de la cultura. Es complicado porque no son los mismos estereotipos de belleza y esas cosas tan rigurosas como en Venezuela. Aquí no es necesario operarse. Más bien, el director apuesta a la autenticidad y el amor propio. Obviamente se dan cirugías no tan invasivas, pero las niñas comienzan a quererse tal cual como son”, enfatiza.

A sus 35 años de edad, él cree que su constancia en el trabajo, el respeto por las diferencias y la satisfacción de impartir tus conocimientos han sido la clave de su éxito. Sueña con maquillar a una personalidad en alguna alfombra roja de los Premios Oscar; o estar involucrado en alguna semana de la moda en Nueva York.

Estos tres venezolanos -Sánchez, Atián y Ormeño- coinciden en que dentro de su proceso migratorio el estar lejos de casa siempre es la herida abierta que acaricia la nostalgia. Les pesa el haber alcanzado sus logros y no poder compartirlos de cerca con su familia. Pero están conscientes de que su empeño también tiene una recompensa.

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«En todas partes del mundo hay una oportunidad para todos. Persistir y no desistir. Pero sobre todo no perder la humildad. Debemos sentirnos orgullosos de lo que somos y de lo que somos capaces de hacer. Estamos haciendo crecer a un país que no es el nuestro; impartiendo conocimientos y aprendiendo de ellos, somos el porcentaje de extranjeros más queridos y bien aceptados en este país. Eso me llena de orgullo», dice Sánchez.

Para Ormeño, al igual que las concursantes en certámenes de belleza, los venezolanos deben esforzarse por dejar el tricolor bien en alto; por eso la honestidad y la constancia debe ser su bandera, estando fuera o dentro del país.

El Diario

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