En una economía tan particular como la de Venezuela, donde convergen alteraciones de sus variables fundamentales, con impacto directo en el ámbito social, hoy muestra una tregua parcial en el alza de algunos precios al consumidor.

En Torino Economics, unidad de análisis financiero de la firma Torino Capital, observan en las últimas semanas, una “desaceleración significativa” en los niveles de inflación.
Su economista jefe, Francisco Rodríguez, sostiene que de acuerdo con el Banco Central de Venezuela (BCV), la inflación bajó de 197% en enero a 34% mensual en abril. En el caso del índice de la Asamblea Nacional veíamos cifras incluso por encima de 200% al mes a finales del año pasado y la última cifra de mayo es de 31%.

“Eso implica una desaceleración en el ritmo de aumento de precios como no lo habíamos visto desde hace más de un año y se debe a dos factores”, advierte el especialista. “El primero es que las hiperinflaciones tienden a tener una duración limitada en el tiempo, no tienden a ser procesos crónicos. No hay hiperinflaciones de diez años”.

Explica que “hay una dinámica en la hiperinflación en la cual, a medida que este indicador avanza, los salarios reales van cayendo y también se reduce el gasto público real, lo cual va ‘subsanando’ el problema del déficit fiscal, por lo menos desde el punto de vista monetario”.

Es decir, dice, una de las principales causas de la hiperinflación, que es el financiamiento monetario del déficit, “se va erosionando por el mismo efecto del aumento de precios. Si hay menos déficit que financiar, se reduce la creación de dinero, lo cual limita la expansión inflacionaria. Según el criterio clásico”, de índices de 50% de aumentos al mes, “la hiperinflación venezolana ha durado entre 14 y 15 meses, dependiendo de las fuentes”.

El analista precisa que el otro elemento que contribuye a esa desaceleración es que ha habido una “política monetaria muy restrictiva por parte del BCV, a través de los aumentos de encaje legal. Esta política permite estabilizar la tasa de creación de dinero y limitar la inflación. Sin embargo, tiene un costo muy alto desde el punto de crecimiento económico”.

Argumenta además que “cuando un gobierno con bajos niveles de credibilidad intenta estabilizar los precios en una economía”, ocurre lo contrario, pues “los agentes económicos tienden a ver los compromisos del gobierno como no creíbles, entonces su tendencia es a seguir subiendo precios”.
En otras palabras, refiere, “el costo de la baja credibilidad oficial es que se hace necesario lanzar a la economía a una recesión muy profunda para estabilizar el nivel de precios”.
Rodríguez manifiesta sus dudas sobre la sostenibilidad en el tiempo de este ajuste y adelanta que las proyecciones de Torino Economics –firma de análisis de entorno macroeconómico de Venezuela, Ecuador y otros países de la región– apuntan a “una caída muy fuerte de los ingresos petroleros y eso debería tener un efecto adicional sobre el déficit fiscal, debería hacer mucho más difícil financiar el gasto, incluso el nivel de gasto mermado del gobierno. Por lo tanto, existe el riesgo de que el país vuelva a caer en hiperinflación”.

Entonces, visualiza, “una estabilización temporal que funcione transitoriamente, bajando la inflación a niveles moderados por unos meses, y que después un rebote hacia finales de año. Ese es un escenario. Nosotros estamos, sin embargo, manteniendo un pronóstico de que la inflación del BCV se va a desacelerar y cerrar el año en alrededor de 50.000%, que sigue siendo alto, pero más bajo que el 130.060% de 2018”.

El economista jefe de ese banco de inversión, reitera que en Venezuela se está dando una “dolarización de facto”. En su opinión “cada día hay más transacciones que se hacen en moneda extranjera y este es un fenómeno que hemos visto en otras hiperinflaciones, tales como en los casos de Perú, Argentina, Brasil, y Nicaragua. La economía se tiende a dolarizar, pero no porque el gobierno decida hacerlo sino porque la gente va migrando hacia una moneda más segura y comienza a exigir el uso de esa moneda para ciertas transacciones. Ese es un fenómeno muy costoso para la sociedad porque no todo el mundo puede tener acceso a estos dólares”.

Este fenómeno debe distinguirse de la dolarización como política económica, apunta. “Mi propuesta ha sido y sigue siendo que el país adopte el dólar como la moneda de curso legal, de forma que todos los venezolanos reciban sueldos en dólares y también puedan firmar contratos en dólares”.

Resalta el investigador que este “mecanismo permitiría, entre otras cosas, lograr una estabilización de la hiperinflación, menos costosa en términos de producción y de crecimiento, porque restablecería inmediatamente la credibilidad de la política monetaria y tendría consecuencias positivas adicionales para la estabilidad macroeconómica”.

Asimismo “impediría que volviésemos a caer en hiperinflación y le daría mucha más estabilidad y seguridad a los contratos existentes y a los mismos derechos de propiedad necesarios para atraer inversiones”.

SDW/El Universal

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