Padre Alberto Gutiérrez

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Aunque la neurosis es colectiva, el sufrimiento es personal. Aunque todos padecemos la crisis, cada uno la procesa de modo diferente y personalísimo, no sólo según su propia percepción y la información a la que tenga acceso sino, muy especialmente, según la propia experiencia de dolor que le afecta.

En tiempos de adjetivos generalizadores conviene tener en cuenta la individualidad de cada persona, de cada enfermo, de cada familia. Las generalizaciones tienden a descalificar la experiencia individual porque es más cómodo y práctico globalizar. Todos padecemos, todos sufrimos, todos somos afectados de una u otra forma por los acontecimientos que enfrentamos, pero cada uno lo lleva consigo individualmente. Es una de las razones por las cuales la percepción de la pandemia y su estimación cambian drásticamente, según las víctimas sean para cada uno sólo cifras, sin desmeritar una legítima preocupación global o social o sean, en cambio, nombres concretos, seres queridos, cercanos, compañeros y amigos de camino, conocidos y amados, en lugar de sólo números.

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En medio de una experiencia que nos involucra y compromete a todos, hemos de tener la sensibilidad suficiente para que “el mal de muchos no sea consuelo de tontos” para que la estadística no anule la empatía, la fraternidad y la caridad.

Padre Alberto Gutiérrez

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