Leandro Rodríguez Linárez

Juan Guaidó ha señalado recientemente que no hay condiciones para participar el 21N, sin embargo, sus aliados, el G4, ha decidido desde hace semanas hacerlo ¿Cómo asimilar semejante contradicción? En realidad, ello es apenas un reflejo de lo distorsionada que se encuentra la política venezolana.

Por otro lado, el régimen trata, por todos los medios a su alcance, de convencer a participar tanto votantes como candidatos, desde luego, bajo sus reglas, bajo su control absolutista sobre las instituciones públicas. Sería lógico pensar pusiera todo tipo de trabas a la “verdadera oposición”, sin embargo, a una parte de ella le otorgó directamente sin primarias la directiva de los principales partidos y limpia el camino a estos candidatos. A la otra parte sencillamente la convenció, así de simple, no hay mayores explicaciones al respecto. Ahora bien, tanto es su férreo control sobre el escenario “electoral” que hasta sus aliados del Polo Patriótico, como Eduardo Samán en Caracas, lo han inhabilitado sin señalar los motivos, probablemente porque representa “un peligro” para los intereses electorales del Psuv en la capital ¡Que desastre!

Por otro lado, los venezolanos, empujados a una sola realidad, la que golpea sus ojos, su entorno más inmediato como el personal, el familiar. En nada llama la atención otro presunto proceso electoral organizado por y para el chavismo, enteramente bajo su conducción, en resguardo de sus intereses… la preservación del poder.

¿Qué va ocurrir el 21N? Qué puede ocurrir cuando las condiciones electorales empeoran en cada elección. Cuando los candidatos no representan el sentir de los electores, mismos que están divorciados de estos escenarios, ocupados en cómo sobrevivir, cansados se burlen de su voto. Qué puede ocurrir sí lo que arruina al país no se cambia con elecciones de este tipo, más bien lo arrecia. Qué puede pasar cuando lo que acontece dentro del país da la espalda a quienes tienden una mano desde afuera… la respuesta es sencilla; No va pasar nada, todo seguirá igual, por el mismo camino del empeoramiento progresivo de nuestra indigna sobrevivencia.

Además, el principal líder opositor reconocido, Juan Guaidó, ha sido abandonado por una oposición mitad infiltrada y mitad entreguista, cuando internamente, a diferencia de los aliados del régimen, los aliados internacionales de la oposición también mantienen posturas muy distintas acerca de la realidad de Venezuela, la mayoría absurdamente diplomáticos, otros aplicando sanciones que han permitido mineralizar durante décadas otras dictaduras, cuando éstos se aferran a los métodos y el chavismo privilegia los resultados.

En líneas generales, el chavismo fuera de nuestras fronteras atraviesa su peor momento histórico, escenario complicado por lo acontecido con “El Pollo” Carvajal y Alex Saab. Pero como ha sido la tradición, siempre encuentra la manera de aliviar sus amargos ratos a través de diálogos y subsiguientes procesos electorales que le han permitido aferrarse al poder en Venezuela.

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El 21N el escenario será muy similar a 2017, el régimen entregará alrededor de 4 gobernaciones, un número muy discreto de alcaldías, se escudará en la abstención, mismo discurso hará la oposición electorera (entreguista), atribuyendo su fracaso a los abstencionistas, no a las verdaderas causas: la inapetencia a votar del venezolano mientras las instituciones del Estado se encuentren Psuvizadas, mientras no se haya rescatado el hilo constitucional y democrático de la nación. El 21N ni ninguna elección genera cambio mientras existan estas condiciones absurdas.

@leandortango     

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