Insistió en la necesidad de que Eslovaquia reafirme su mensaje de integración y de paz

En su discurso ante las autoridades en Bratislava, Francisco advierte de que la “anhelada reactivación económica” tras la pandemia puede provocar “una euforia pasajera que, más que unir, divide”

En su segundo discurso en Eslovaquia, adonde llegó ayer tras su breve estancia en Budapest, el papa Francisco presentó este país como “un mensaje de paz en el corazón de Europa” y abogó por la “fraternidad” como herramienta para lograr la integración tras los “durísimos meses de pandemia”.

Ante la presidenta eslovaca, Zuzana Čaputová, con quien había mantenido antes un encuentro privado en el Palacio Presidencial de Bratislava, advirtió de que la “anhelada reactivación económica” que se está produciendo gracias en parte a la ayuda de la UE puede provocar “una euforia pasajera que, más que unir, divide”.

Insistiendo en la necesidad de que Eslovaquia “reafirme su mensaje de integración y de paz”, Jorge Mario Bergoglio aprovechó para mandar otro recado a todos los países de Europa al abogar porque se distingan por “una solidaridad que, atravesando las fronteras, pueda volver a llevarla al centro de la historia”.

Lucha contra la corrupción

“La riqueza verdadera no consiste tanto en multiplicar cuanto se tiene, sino en compartirlo equitativamente con quien tenemos a nuestro alrededor”, dijo el Pontífice más adelante en su discurso, en el que, como es habitual cuando se encuentra ante las autoridades políticas de un país, no faltó una advertencia sobre el peligro de la corrupción.

Primero enfatizó la necesidad de esforzarse “para construir un futuro en el que las leyes se apliquen a todos por igual, sobre la base de una justicia que no esté nunca en venta”, para subrayar a continuación la necesidad de emprender “una seria lucha contra la corrupción”, de manera que se “fomente e imponga la legalidad”. No se olvidó el Papa en su lista de consejos a los políticos de destacar la importancia del trabajo, sin el cual “no hay dignidad” para la persona.

“En la base de una sociedad justa y fraterna rige el derecho de que a cada uno se le conceda el pan del trabajo, para que nadie se sienta marginado y se vea obligado a dejar la familia y la tierra de origen en busca de mejores oportunidades”, dijo Bergoglio.

“Ninguno puede aislarse” 

Los jóvenes también fueron protagonistas de su discurso. Sin ellos “no hay renovación” de la sociedad, destacó, lamentando que muchas veces se les engañe por un “espíritu consumista” que “marchita” sus vidas. Para escapar de ese malestar y no caer en el “cansancio y la frustración” propuso volcarse en el cuidado de los demás. “Sentirse responsables de alguien da gusto a la vida y permite descubrir que lo que damos es en realidad un don que nos hacemos a nosotros mismos”.

Finalmente, Francisco advirtió de que frente a la “prueba de nuestro tiempo” que supone la pandemia, y que ha mostrado lo fácil que es “pensar en uno mismo” pese a que “estamos todos en la misma situación”, resulta claro que “ninguno puede aislarse, ya sea como individuo o como nación”.

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En su discurso de bienvenida al Papa, la presidenta Čaputová, de ideología progresista y europeísta, lo presentó como a “una de las más grandes autoridades espirituales del mundo” y agradeció sus advertencias frente a los “riesgos” que plantean hoy “el populismo y el fanatismo”. También aplaudió su decidida defensa del medio ambiente frente a la crisis climática y su frontal rechazo del “antisemitismo, el fundamentalismo religioso” y el “uso de la religión con objetivos políticos”.

Vida Nueva

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