Leandro Rodríguez Linárez

Leandro Rodríguez Linárez

El chavismo es el gobierno más repudiado en la historia política de Venezuela, hoy al menos 8 de cada 10 venezolanos lo rechazan, entonces ¿Es lógico se desviva por realizar elecciones, una tras de otra? Veamos:

No parecería lógico sí lo abordamos desde una perspectiva democrática, pero sí analizamos desde la realidad, es bastante obvio, totalmente lógico. No debemos olvidar que la primera acción realizada por el expresidente Chávez fue la partidización de las instituciones del Estado, partiendo desde la constituyente del 99.

Logrado ese objetivo primario, impuso su proyecto con la venía afortunada que le permitió el boom petrolero (factor clave), luego a través de leyes habilitantes con el concierto de instituciones rojas rojitas. Todo esto permitió a Chávez, tras perder prontamente su popularidad, burlar el voto, no olvidemos impuso la Reforma Constitucional rechazada en 2007, anuló toda gobernación y alcaldía que perdía restándole competencias, facultades y recursos vía “instrumentos jurídicos” de la AN roja del momento… la imposición ilegítima del Estado Comunal resultó ser el país de bolsillo que tanto anhelaba el chavismo.

El mejor ejemplo de manipulación electoral lo vimos en 2010, cuando en pleno conocimiento de su profundo rechazo, el chavismo consumó una antidemocrática reforma electoral permitiéndole obtener en las parlamentarias de ese año más diputados a pesar la oposición obtuvo más votos. Ahora bien, en 2015 cuando esa fórmula se le revirtió, perdiendo apoteósicamente la AN de 2015, sencillamente torpedeó la AN recién electa, incluso antes de ser instalada, primero anuló 3 diputados opositores para restar la mayoría calificada necesaria para las decisiones más relevantes, luego, anuló todos sus actos y finalmente impuso un inconstitucional desacato… nada importó la AN 2015 había sido el poder público más votado en toda nuestra historia como nación.

Así como burla resultados, también desestima elecciones, en 2016 el chavismo evitó el revocatorio de la manera más absurda jurídicamente hablando. Pero también imponiendo procesos electorales es el mejor, en 2017 impuso la fallida “Constituyente” expropiando a los venezolanos la constitución, además de haber sido un suceso trágico que enlutó la nación. Esa “constituyente” dio origen a muchas de las sanciones que hoy pesan contra el régimen y sus cabecillas.

De este modo, desde 2017, para evitar otra sorpresa como la del 2015, decidió adelantar procesos electorales manufacturando su propia oposición, sus candidatos. Vía TSJ otorgó la directiva de las principales organizaciones opositoras a figuras políticas que le hicieran el juego dizque electoral, además, como premio, otorgó a estas figuras la directiva de la Asamblea Nacional… demasiada obviedad.

Desde hace aproximadamente 13 años, las gobernaciones, alcaldías y todo ente público que pierde el chavismo inmediatamente es neutralizado a través del andamiaje desinstitucionalizado. Todo ello como secuela por haber celebrado procesos electorales en condiciones mínimas, las de hoy son absurdas… cualquier elección que se celebre a espalda de la ley termina beneficiando exclusivamente a quien la organza.

Como diría Uslar Pietri, el venezolano no es pendejo, luego de haber visto acribillado su voto dijo “¡No más!”, la masacre a la AN 2015 fue la gota que derramó el vaso. En este 21N nada ha cambiado, al contrario, todo ha empeorado, el régimen impuso su “oposición electorera” y del G4 asisten como candidatos solo los que el régimen permite, sin primarias, sin liderazgos reales ¡Que desastre!

¿Qué se puede obtener el 21N? Como ciudadanos no obtendremos nada, pues los candidatos no son legítimos, son impuestos por el régimen, otros por las cúpulas de siempre, ni siquiera fingieron primarias. Por otro lado, y allí está la clave, el régimen tiene todas las de ganar, en estas circunstancias de cohabitación con los espacios que entregue no corre ningún riesgo, además de tenerlos amarrados a su antojo. En segundo lugar, finge democracia, aspecto de vital importancia para aspirar lograr el levantamiento de las sanciones, con miras al reconocimiento como gobierno.

En tercer lugar, con el 21N el chavismo busca formalizar su oposición de bolsillo, misma que le sirva de base para todos sus futuros planes. Como se aprecia, el 21N en nada favorece al país, solo al régimen y a su séquito de colaboradores.

En conclusión, lo electoral está agotado, el voto en Venezuela no tiene poder de premio, castigo ni de cambio, mucho menos pone en peligro el proyecto castrista. Por otra parte, la abstención ya dio los frutos que podía dar, deslegitimó, ilegalizó, sancionó y puso al régimen en el umbral de la justicia mundial, demostró ser la vía correcta, pero se requieren más acciones. Votar solo beneficia al chavismo como explicamos arriba, además pone en peligro los logros alcanzados por la abstención, que en definitiva es el sentimiento más arraigado en el país como rechazo a un régimen tan nefasto y contra sus colaboradores endémicos.

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Lo que Venezuela requiere es una oposición real y la única manera de identificarla es observando con hechos la imposición de su propia agenda, no la del régimen. Así poco a poco ira recobrando la confianza entre los venezolanos, pudiendo sumar más acciones de la mano de los venezolanos y de sus aliados internacionales. Por ahora, seguir la agenda del régimen, los escenarios que impone, es prolongar la indignidad desprendida de los CLAP, es extender los racionamientos, controles, la agonía de un país obligado a sobrevivir en un país que en 2007 dijo ¡no quería vivir!

@leandrotango

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