Pandemia desnuda la realidad venezolana

Además del alto costo de los productos de la cesta básica, los venezolanos día a día deben enfrentarse a buscar atención médica privada y medicamentos que deben cancelar en dólares, sin olvidar que el sueldo como empleados públicos no llega a superar lo equivalente a un dólar.

Solo un día de hospitalización puede costar 1.500 dólares, por lo que la atención durante el tiempo que demanda la enfermedad no baja de 20.000 dólares

El covid-19 en Venezuela atenta contra la vida y atenta contra la economía de quienes terminan contagiados y sometidos a tratamiento. No hay sueldo, pensión ni ahorros que puedan con los costos de una enfermedad que ha cobrado ya cerca de 3 millones de vidas en el mundo y casi 2.000 en el país, de acuerdo con las cifras del régimen.

El precio para curarse del covid-19 es variable. Dependerá del estado de salud en el que se encuentre el paciente y los síntomas que presente. Sin embargo, en un país donde el salario mínimo y las pensiones equivalen a menos de 1 dólar, comprar cualquier pastilla resulta una proeza y el costo se eleva si necesitan estudios especializados, insumos y tratamientos avanzados.

El malestar es una cuesta que se hace más inclinada y difícil de subir desde el momento en que practicarse una prueba para el diagnóstico se convierte en una necesidad. El sistema público de salud está colapsado, cerca de 80% de los hospitales presentan una “escasez crónica” de agua, de acuerdo con datos de la ONG Monitor Salud, y 50% de las emergencias no tienen los suministros básicos para atender a los pacientes con covid-19 en Venezuela.

La opacidad en relación con el número de pruebas aplicadas no permite tener certeza sobre este dato. El Ministerio de Salud asegura que hasta finales de marzo se han hecho 3.134.646 pruebas. Sin embargo, investigadores, epidemiólogos e infectólogos coinciden en que Venezuela tiene la tasa más baja de la región, por debajo de 1.000 test cada 24 horas.

Las posibilidades para hacerse la prueba se reducen, entonces, a laboratorios y centros médicos privados. Sitios en los que los precios por prueba oscilan entre 40 y 100 dólares, dependiendo del prestador de servicio y de la modalidad, especialmente si es a domicilio.

Josue Isea, médico cirujano, identifica tres tipos de tratamiento para pacientes con covid-19 en Venezuela. Explicó a El Diario que luego de revisar la existencia o no de patologías de base, se determina si el procedimiento es leve, moderado o severo. En el caso de pacientes con buena saturación y signos vitales estables, la atención puede ser ambulatoria y la indicación es de entre cinco y ocho fármacos, básicamente antiinflamatorios no esteroideos, esteroides, vitaminas y antialérgicos. Si hay alguna complicación infecciosa, se asocian antibióticos.

A quienes presentan un cuadro moderado se les prescriben hasta 15 medicamentos con suministro de oxígeno; y, en los casos más severos, es indispensable el ingreso a unidades de cuidados intensivos y la intubación orotraqueal. Para ambos tipos de pacientes se requieren antivirales como el Remdesivir. En el caso de los últimos, las expectativas empeoran por la exposición a infecciones intrahospitalarias.

Un recorrido por tres tipos de farmacias para consultar el precio de los medicamentos básicos que se indican a la mayoría de los pacientes positivos para covid-19 en Venezuela reveló que, para 14 días, el monto total oscila entre 138,02 dólares (la más económica) y 226,72 dólares, en la que ofrece precios más altos.

Los fármacos consultados fueron Dexametasona, Acetaminofen, Loratadina, Antux, Prednisona, Aspirina, vitaminas C y D, Ácido fólico, Azitromicina y Levofloxacina.

Una suma que no acaba para ganarle al covid-19 en Venezuela

Olga tenía 92 años de edad y Humberto 75. Cuando se redacto esta nota, ambos estaban recibiendo tratamiento. Eran madre e hijo y aunque su estado general de salud requería de hospitalización, por dos semanas los atendieron de manera ambulatoria. En la familia no disponían de los 10.000 dólares que le habían pedido a cada uno para admitirlos en una clínica.

Es probable que el contagio haya sido de hijo a madre, pero es irrelevante en el caso de una pandemia con el poder de propagación que tiene la del covid-19. Él hizo carrera en un negocio muy venido a menos en Venezuela, el de la venta de botes y barcos. Ella recibía la pensión de su fallecido esposo, un médico venezolano.

Ambos pacientes presentaban una saturación de entre 60 y 80, por lo que para sus cuidados se dispuso de un concentrador de oxígeno de 10 litros para cada uno. El costo por equipo fue de 3.000 dólares aproximadamente. Los dos recibieron antiviral, un medicamento que por unidad se consigue en el mercado en 150 dólares cada ampolla y que ellos encontraron en una presentación de cuatro ampollas por 350 dólares.

La bombona de oxígeno era prestada, pero las recargas diarias cuestan unos 25 dólares por paciente. Además, usaban máscaras para apnea del sueño, cuyo precio es de al menos 20 dólares.

En su estado, demandaban atención especializada 24/7 y los honorarios de enfermería eran 320 dólares por semana; mientras que la visita de un médico la habían estado pagando en 150 dólares la hora.

El covid-19 es una enfermedad que enfrenta a quienes la padecen con una tremenda soledad o al menos a la ausencia de sus familiares. Para Olga y Humberto se contrató también los servicios de una empresa de comida que los atendía a ellos y al personal de enfermería.

Federika Niño contó para El Diario que un estimado por semana era de al menos 6.000 dólares para atender a su abuela y a su tío. “Tocar no es entrar”, repite convencida sobre la decisión que tomaron de convocar la solidaridad de propios y desconocidos a través de una cuenta de GoFundMe. Creyó que sería una ayuda para salvarles la vida.

Olga y Humberto murieron la madrugada de este martes 30 de abril, con 5 horas de diferencia, y poco antes de que publicáramos esta nota.

El costo de un feriado flexible

Por varios días Lisset Esteves solo utilizó sus redes sociales para gritar un auxilio en favor de su padre. El Portu, como cariñosamente lo nombran, fue un paciente de 72 años de edad al que le diagnosticaron covid-19 luego del asueto de Carnaval.

Vivía en un conjunto residencial turístico en Higuerote, estado Miranda. Dan por hecho que el contagio ocurrió en los pasillos del edificio donde residía, abarrotados por temporadistas durante el asueto.

En medio de la emergencia lo tuvieron que trasladar a Caracas porque no encontraron centros de salud públicos ni privados con la dotación necesaria. Una constante, sobre todo en los pueblos del interior de Venezuela.

Al preguntarle sobre lo que pagó por la ambulancia que buscó a su papá, Lisset respondió -aún sorprendida- que lo mismo que podría costar un pasaje de Caracas a Madrid. Se consultó el monto en algunas páginas que ofrecen boletería y estaría entonces muy cerca de los 1.000 dólares.

Con una saturación de 76 y un cuadro de hipertensión, a Jaime Esteves lo ingresaron en una clínica privada. Luego de superar el virus, enfrentó una inflamación pulmonar. Se le suministraba Remdesivir, antibióticos, anticoagulantes y anticonvulsivos, entre otros fármacos. Estuvo conectado a un sistema de respiración no invasivo conocido como Bipap que puede suministrar hasta 30 litros de oxígeno por minuto.

El costo promedio por día para la atención de Jaime era de 1.500 dólares. Por 14 días de hospitalización, 21.000 dólares. Un monto que se repite y puede variar para tratar a distintos pacientes con covid-19 en Venezuela, que requieran hospitalización.

“El colapso es general. La crisis nos arropa a todos y claro, amenaza la salud y el patrimonio de nuestras familias”, nos dijo Lisset, quien por primera vez tuvo que pedir dinero a través de las redes y de una cuenta de GoFundMe cuyo link compartió sin descanso ella y quienes la conocen.

El Portu no aguantó más y dejó este mundo el domingo 28, dos días después de que Lisett hablara sobre su enfermedad. No resistió la intubación que le hicieron de emergencia porque la saturación había bajado de manera alarmante. Le dio un paro respiratorio.

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Los llamados desesperados para salvar las vidas de seres queridos se han convertido en una necesidad. Más allá de la controversia y los cuestionamientos -muchas veces indiscriminados que se dan en las redes sociales- la subida de los precios y la pérdida del poder adquisitivo de los venezolanos son una legítima justificación para quienes vencen los prejuicios y piden dinero. Es que lo realmente importante es vencer el covid-19 y pagar el precio que cuesta curarse, aunque a veces la enfermedad pueda más.

El Diario

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