El pan de kamut tiene un aspecto seductor.

Las panaderías más selectas ofrecen diferentes versiones de pan de kamut, calórico, de sabor dulzón y a precios elevados.

Cuando Howard Carter metió la nariz en el agujero que acababa de practicar en el sello de la tumba de Tutankamón, Lord Carnarvon, su patrocinador, le preguntó: “¿Qué ve?” Y el arqueólogo contestó: “Cosas maravillosas”. Se refería al oro, a los carruajes, a un sarcófago de inigualable riqueza. Pero no a los pequeños recipientes que se desperdigaban aquí y allá por la cámara. Algunos de ellos contenían semillas de trigo khoresei. El descubrimiento de que los reyes del Antiguo Egipto eran enterrados, además de con sus pertenencias más valiosas, con los alimentos que debían llevarse al tránsito ultraterrenal se certificó más adelante.

Gracias en parte a ello, los científicos han demostrado que en Egipto se comía pan amasado con esta variedad de trigo al menos desde el siglo VI aC, aunque parece que la planta se podría haber cultivado desde mucho más atrás, por lo menos seis mil años.

Marca registrada

El nombre kamut fue registrado por un avispado empresario estadounidense, Bob Quinn, que ahora hace pagar a quien desea utilizar sus productos

En las panaderías más selectas, hoy encontramos ese tipo de pan. Se le denomina popularmente kamut, y suele tener precios elevados (en torno a los diez euros por kilo). Una de las explicaciones es su propio nombre. Y es que, aunque parezca estrambótico, el nombre kamut (que en egipcio antiguo significaría, sencillamente, pan) fue registrado por un avispado empresario estadounidense, Bob Quinn, que ahora hace pagar a quien desea utilizar sus productos. La denominación tradicional, pan de trigo khoresei, no la usan más que los expertos.

El pan de kamut tiene un aspecto seductor. Está elaborado con unos copos de color castaño claro, de textura seca y crujiente, y mutan en una hogaza de aspecto prieto y corteza coriácea, aunque luego en la boca se deshace con facilidad y resulta muy amable, nada agresiva. La miga es amarillenta y húmeda, con burbujas muy pequeñas. El sabor de ese pan es dulzón, por lo que combina perfectamente con alimentos salados como jamón, embutidos, queso… Una rebanada untada con tomate, aceite y sal asciende al cajón más alto del podio de las tostadas. Es un pan denso que sacia con poca cantidad.

Calórico y con mucha proteína

La lista de bondades del pan de kamut es larga: es antioxidante, rico en Omega 6, contiene buenas dosis de vitamina B, está indicado para diabéticos e hipertensos, con alto contenido en fibra, magnesio y cinc, con entre un 20% y un 40% más proteínas que el pan blanco… Por ello la Organización Mundial de la Salud recomienda su consumo. No podía, sin embargo, ser perfecto, y el trigo khoresei es más calórico que el convencional y contiene gluten, por lo que no es apto para celíacos.

El cocinero francés Thierry Marx, muy popular en su país por dirigir varios restaurantes con estrella michelin pero, sobre todo, por haber sido jurado del concurso televisivo Top Chef, ha sido un buen divulgador del pan de kamut desde sus diferentes panaderías de París. Marx siempre recuerda sus comienzos modestos como amasador de pan y pastelero, y desde que saltó a la fama ha puesto en marcha una cadena de hornos con el sencillo nombre de La Boulangerie.

Desde allí reivindica su comida favorita, el pan. Y eso es mucho decir para quien capitanea el restaurante de alta cocina Sur Mesure en la parisina Rue Saint Honoré. Marx ha experimentado, entre otras nuevas fórmulas, con el antiquísimo pan de harina de khoresei, y lo reivindica como “padre de los panes”. Por cierto, que el chef estrena cada semana un nuevo pan en sus restaurantes, es una de sus divisas que le hacen diferente.

Con información de Reporte Católico Laico

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