Los habitantes de las llamadas “aldeas del cáncer” tienen que elegir entre envenenarse con agua contaminada o arruinarse con agua embotellada. Una lucha diaria para sobrevivir en la cuenca contaminada del Yangtsé, el río más largo de China.

En 2013, Pekín reconoció que la tasa de mortalidad por cáncer en unas 250 aldeas es dos o tres veces superior al promedio nacional, debido a la mala calidad del agua.

Algunos de estos pueblos se encuentran en el condado de Shenqiu, en la provincia pobre de Henan (centro). Sus habitantes sacaban agua directamente de un río contaminado, antes de hervirla y consumirla.

Eso era antes de que “los guerreros del río Huai”, una asociación ecologista independiente, comenzara a instalar filtros para purificar el agua extraída de la capa freática.

“Muchos lugareños sufrían de cáncer y enfermedades de la piel debido al agua contaminada. Yo quería encontrar una solución al problema del agua potable”, explica Huo Yalun, a la cabeza de la asociación.

– 400 millones de afectados –

Fue una tarea colosal.

Cuarenta años de desarrollo económico desenfrenado transformaron el tercer río del mundo y sus afluentes en una red gigante de alcantarillas a cielo abierto, que transportan productos químicos, plásticos y todo tipo de desechos.

Y esto afectó directamente el suministro de agua de casi 400 millones de habitantes, casi un tercio de la población del país.

Proteger el Yangtsé, que riega una cuenca que representa el 45% del PIB chino, es una prioridad nacional. El propio presidente Xi Jinping ha pedido que se detenga el desarrollo “destructivo” de la región.

Pero Huo Yalun, cuyo padre periodista fue uno de los primeros en alertar sobre el destino del río en los años 1990, no ha esperado para poner en marcha los filtros de agua, que él mismo instaló con un puñado de voluntarios para los habitantes que viven cerca del Huai, un afluente del Yangtsé.

En diez años, ha construido unos cincuenta, que suministran agua potable a por lo menos unas 100.000 familias.

“Antes, solo unos cuantos lugareños podían gastarse alrededor de 14 yuanes (casi 2 euros, 2,24 dólares) por día para comprar agua embotellada”, asegura. “Los otros bebían el agua amarillenta y nauseabunda del río”.

– Enterrar a los vecinos –

En la región, la contaminación proviene en particular de las fábricas de productos químicos, de papel o de cuero, que vierten los desechos tóxicos en las vías fluviales.

Los estanques y arroyos de Huangmengying, una de las 12 “aldeas del cáncer” del condado, adquirieron un tono oxidado. Incluso los pájaros optaron por irse.

Entre 1973 y 2004, la tasa de cáncer se multiplicó por tres, o sea nueve veces el promedio nacional, según un informe oficial.

“Muchos lugareños tenían cáncer. El médico no nos dijo que no bebiéramos el agua del río hasta hace unos años. En ese momento yo ya había enterrado a tres vecinos”, recuerda un habitante, Wang Shiying.

La mayoría de los residentes han muerto o se han ido a otro sitio para proteger su salud, añade.

En 2019, el régimen comunista reveló un plan para sanear el Yangtsé de aquí a finales de 2020.

En este contexto, la gran ciudad de Yichang, cerca de la represa gigante de las Tres Gargantas, tiene previsto cerrar sus 134 fábricas químicas que bordean el río.

Más al sur, en la provincia de Hunan, las autoridades usan drones para vigilan el vertido de aguas residuales en los ríos.

– “Crímenes ecológicos” –

A nivel nacional, el gobierno planea endurecer la ley para castigar los “delitos ecológicos”, como los vertidos industriales en la cuenca del río Yangtsé, informó la prensa en noviembre pasado.

“Ha habido mucho movimiento en los últimos meses para salvar al Yangtsé, pero muchas de ellas son soluciones improvisadas, que no abordan la raíz del mal”, denuncia el activista ecologista Ma Jun.

Según él, la burocracia juega con las normas medioambientales y engaña con las estadísticas, lo que hace que “la cuenca del Yangtsé parece más limpia sobre el papel que en la realidad”.

La presión de las autoridades y de la opinión pública incita sin embargo a los industriales a invertir en plantas de purificación del agua.

Ahora en Shenqiu una curtiembre trata vertidos de agua contaminada, que se acumulan en un estanque en forma de espuma negruzca con olor a huevo podrido.

Este líquido circula en una serie de filtros antes de recuperar el aspecto de agua purificada, cuyo nivel de toxinas es transmitido en tiempo real a la administración.

Huo Yalun, que además de ecologista es artista, espera que algún día el agua potable esté disponible para todos, en un país donde no se consume el agua del grifo sin haberla hervido antes.

Los filtros que instala en las aldeas consisten en una serie de cilindros de aluminio, en los que el agua se despoja de sus impurezas.

Los habitantes pueden venir y llenar su bidones después de haber escaneado una tarjeta o pagado con su teléfono móvil. Seis litros, el consumo diario de una familia de cuatro personas, cuesta menos de un yuan (0,13 euros).

Esta pequeña participación permite a Huo Yalun y sus “guerreros” financiar más instalaciones, con la ayuda de financiamiento privado: cada nuevo filtro cuesta alrededor de 100.000 yuanes (12.000 euros, 13.500 dólares).

Entre tanto, las vías fluviales parecen en vías de curación.

“Los pájaros regresaron este año después de 30 años de ausencia”, dijo Huo. “El río muerto vuelve a dar señales de vida. En el verano incluso me bañaré en él con mi hija”.

SDW/AFP

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