Antonio Pérez Esclarín

Por Antonio Pérez Esclarín

En Venezuela, la  pandemia que está profundizando los problemas de la crisis humanitaria compleja que vivimos debería ayudarnos a alimentar   el espíritu de la reconciliación,  de la unión y del amor sincero a Venezuela y a los hermanos que tanto sufren, y dejar de un lado los enfrentamientos, la soberbia, el odio y el autoritarismo. ¡Basta ya de pugnas  estériles, de actitudes arrogantes  y de egoísmos destructores!

¡Es la hora de   arrancar la política de la ideología y ponerla al servicio de una vida digna para  todos! Para ello hay que recuperar la ética y el valor para cambiar de rumbo y no seguir con prácticas, actitudes y conductas que nos siguen llevando al despeñadero. Es la hora de sustituir discursos por acciones, de derrotar la retórica con servicio y con trabajo eficiente y eficaz, orientado a resolver nuestros gravísimos problemas…

Es la  hora de pensar en Venezuela, de superar nuestras visiones mediocres, interesadas y   egoístas y de abocarnos todos a combatir con valor esta pandemia y las epidemias  del hambre, la falta de medicinas,  luz, agua, gasolina,  que desde años vienen ocasionando miles de muertos. Es la hora de que fortalezcamos entre todos los dos pilares del progreso y  la dignidad humana que hoy languideen: la salud y la educación: el derecho a la vida y el derecho a un conocimiento profundo capaz de impulsar una economía próspera, al servicio del desarrollo humano. Es la hora de fomentar la imaginación creativa, crítica y autocrítica,   de superar el miedo, el fatalismo y la resignación, para parir la nueva Venezuela.

Es la hora de los auténticos políticos, con vocación de servicio, verdaderos estadistas, cercanos a la gente, capaces de compartir su vida y sus problemas. Por ello, la hora de dejar a un lado y para siempre a los politiqueros de oficio, arribistas y corruptos, charlatanes y mentirosos, que utilizan el poder para lucrarse; y a todos aquellos que han hecho de la amenaza, la persecución  y la violencia el modo de mantenerse en el poder o de lograrlo.

Es también la hora de empresarios honestos y emprendedores, dispuestos a asumir riesgos por salvar a Venezuela, y que entienden que la economía debe estar al servicio de la vida y de las personas.

En breve, necesitamos todos despertar el alma, aprender a mirar nuestras vidas, mirar el país y mirar a nuestros conciudadanos, sin importar su ideología, raza, religión, cultura,  con ojos nuevos, cariñosos  y compasivos. Necesitamos despertar del sueño de nuestra inconsciencia y nuestro egoísmo individualista a la verdad de lo que somos, a la necesidad de cambiar de valores y de rumbo.Despertar al convencimiento de que,para salir de esta crisis tan profunda, van a hacer   falta muchos sacrificios y esfuerzos;  que no podemos seguir enfrentados ni  caminar  aislados,  que necesitamos unir nuestras fuerzas. Despertar a la sencillez, la humildad y la solidaridad, a la necesidad de una vida más humana y más justa;  vacunarnos de una vez contra el egoísmo y la insensibilidad y  empezar a contagiar el virus del respeto, la compasión y el amor.

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Un hombre verdaderamente libre como el  Dalai Lama nos dice: “Estamos en este planeta como de visita. A lo más, durante 90 o cien años. Durante ese período, debemos tratar de hacer algo bueno y útil, debemos  tratar de alcanzar la paz con nosotros mismos y  ayudar a otros a compartir dicha paz. Si logramos  contribuir a la felicidad de los demás, habremos  encontrado la meta verdadera, el sentido de la vida”.

(pesclarin@gmail.com   @pesclarin        www.antonioperezesclarin.com

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