Leandro Rodríguez Linárez

Leandro Rodríguez Linárez

Los orígenes de todos los males que hoy asfixian a los venezolanos son dos, pero que están íntimamente entrelazados. El primero fue la agresiva desinstitucionalización iniciada por Chávez, prácticamente, desde el mismo momento en que arribó al poder. Hizo de las instituciones del Estado sedes del mal recordado MVR y, posterior a ello, del Partidos Socialista Unido de Venezuela (PSUV), lo que aniquiló la separación de los poderes, las verdaderas facultades, competencias y atribuciones constitucionales a todo ente público… solo prevalece lo partidista.

El segundo mal, son las trágicas elecciones en condiciones mínimas, haberlas permitido nos deparó un país en mínimas condiciones, la democracia perdió su esencia pues el voto dejó de premiar, castigar y generar cambios. Los elementos cualitativos que distinguen los liderazgos fueron usurpados por imposiciones, amiguismos, incluso por acuerdos. Todo esto sin mencionar que desde 2017 las condiciones electorales empeoraron dramáticamente ¡Ahora son absurdas! Además de la desinstitucionalización, es el régimen quien da el visto bueno a la “oposición” participante, impone los partidos, sus directivas, sus candidatos ¡Increíble!

Desde esa fecha, 2017, los procesos dizque electorales han sido marcados por una profunda abstención de al menos 70%, como rechazo absoluto a este tipo de elecciones y contra una (des)institucionalidad mata votos. Tarde se comprendió, pero al menos, en apariencia, esa lección se aprendió. En paralelo, la abstención logró deslegitimar, ilegalizar y hacer foco de castigos internacionales al régimen, a sus cabecillas.

La oposición reconocida supo entender el fenómeno, se sumó a la abstención espontánea de los venezolanos, por lo que el régimen se vio obligado a edificar, sin éxito, una falsa oposición, la abstención mantuvo su hegemonía. Pero, en 2021, este escenario pudiera deparar sorpresas.

Tras las negociaciones en México, la oposición reconocida, que hoy gira en torno a Guaidó y el G4, súbitamente ha decidido participar el próximo 21N sin dar mayores explicaciones, sin que el régimen haya cedido, al contrario, se ha radicalizado mucho más.

Lo primero a resaltar es que hay un mal cálculo, la oposición reconocida cree es ella quien controla la abstención y ello no es así. En 2017, luego del intento constituyente, este sector político participó en las regionales de esa fecha y los venezolanos no acudieron a las urnas, sencillamente, luego de lo perpetrado contra el poder público más votado de nuestra historia y el poder más importante en una democracia, la Asamblea Nacional 2015, el venezolano comprendió que seguir votando con instituciones psuvizadas es hacer, como diría Uslar Pietri, el papel de pendejo.

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En conclusión, considerando la esclavitud electoral reinante en el país, que oscila el 30% del REP, entre funcionarios públicos y sectores sociales que participan amedrentados de mil maneras en este tipo de elecciones inconstitucionales y antidemocráticas, los venezolanos estamos a punto de demostrar al mundo sí definitivamente nos merecemos o no el país que padecemos: Sí la participación es mayor a ese 30% estaremos enviando al planeta entero un claro mensaje ¡Nos merecemos lo que nos está pasando, déjennos solos! pues continuar participando y aupando los eventos que nos destrozan la nación no tiene otra lectura.

Por el contrario, sí la abstención es igual o mayor al 70% continuaremos diciéndole al mundo ¡No queremos más chavismo ni sus instituciones, seguimos en nuestra lucha, continúen apoyándonos!

@leandrotango      

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