Los “puestos de control” comienzan en el antiguo Comando Regional número 3, ahora llamado Redi-Zulia. Foto Noticia al Dia

Llegar hasta la frontera entre Venezuela y Colombia utilizando la carretera Troncal del Caribe o Troncal 6 como también es llamada, significa ir preparados con una mochila de dólares o pesos colombianos, para pagar la “colaboración” en las catorce alcabalas instaladas desde Maracaibo hasta Güarero, atravesando los municipios Mara y Guajira del estado Zulia, en Venezuela.

Los “puestos de control” comienzan en el antiguo Comando Regional número 3, ahora llamado Redi-Zulia, donde el carro hace la primera parada para registrar un “listín” con los nombres y números de cédula de los pasajeros. A partir de este punto el lema de la Guardia Nacional “El honor es su divisa” comienza a desdibujarse.

Pocos metros más adelante, justo en la entrada hacia el sector Puerto Caballo, se paga la primera coima del periplo. Sólo verdes o moneda del hermano país. La tercera parada es un puesto de la policía nacional aparcado antes del planetario Simón Bolívar, aquí comienza el calvario para las madres que viajan solas con niños. Ellas son la diana hacia donde disparan los oficiales de azul. No hay documento que aguante una revisión por muy apostillado y sellado que esté.

La cuarta alcabala, ubicada en el sector La Lucha del municipio Mara, se encuentra en la intersección que divide la vía hacia Carrasquero y El Moján. Aquí hay que rezar para que ese día haya gasolina en la estación de servicio porque de esta manera los uniformados prefieren pedir la “colaboración” a los que hacen la cola para comprar gasolina y dejan el paso fácil mientras atienden el otro negocio.

Llegando al sector Tamare, frente a una iglesia amarilla, es la quinta parada. El chofer vuelve encender la luz mientras el funcionario se asoma y dice ¡cédula! con voz autoritaria. Con suerte nos vamos lisos. La carta de presentación del chofer es decir “la niña viaja con los dos padres” y de inmediato cambia la cara del perpetrador. No hay oportunidad hoy, por lo menos en este carro.

Seguimos nuestro camino a la frontera y cruzamos sin detenernos, en la alcabala de La Paila, un desvío que fue construido para evitar pasar por el pueblo de San Rafael de El Moján, capital del municipio Mara. Esta es la sexta parada. Aquí la autoridad baja a los pasajeros del carro mientras un GNB verifica su legalidad en una computadora.

Próxima parada, la temida oficina de migración del Puente sobre el Río Limón. En esta séptima revisión le caen al carro en cayapa los funcionarios de Migración, Seniat, Guardia Nacional y Policial del municipio Mara, aquí se cumple aquello de que lo que a la primera se le pasa, la segunda lo repasa. Hay cola y el paso se hace lento y todo porque los diligentes funcionarios esculcan minuciosamente buscando el mínimo motivo para aparezca rápido el dinerito. Hace rato que no hay moral, aquí se perdió la vergüenza.

Llegamos sin novedad al municipio Guajira. Estamos justo frente a la Plaza Bolívar de Sinamaica, la capital del municipio. Esta es la octava alcabala, a simple vista todo normal. El chofer cierra los ojos y pide a Dios que el policía se descuide y nos deje pasar sin detenernos. Pero eso no sucede. El funcionario mueve la mano mientras mastica un palillo y nos manda a cruzar a la derecha para la revisión de rigor. La bebé que va con sus padres llora inconsolable, el calor y la tardanza del viaje la ponen incómoda. El oficial se asoma por la ventana, pide cédula y papeles, la bebé sigue llorando y esta vez el incómodo es el policía. ¡Dale viaje!

La novena alcabala nos recuerda los días felices de playa en Caimare Chico. En aquella época se compraba cerveza, hielo y hasta el traje de baño si no lo habías llevado. Pero hoy el sitio es de los “boleros”. Son muchachos que reciben la comisión por dejarnos pasar en una carretera que es libre. Los llaman así porque anteriormente cobraban en bolívares y les mantienen el apodo aunque ahora aceptan cualquier otra divisa. Lo peculiar de los boleros es que son una pantalla para recibir el dinero que luego entregan a los funcionarios militares asignados en ese sitio.. Lo mismo pasa en el famoso puesto de control La Guardia, décima alcabala ubicada un poco más adelante, en la entrada de la carretera La Tigra, donde un joven con apariencia de menor de edad, recolecta el dinero para los funcionarios.

La alcabala número once es un puesto del CICPC ubicado en la entrada de Paraguaipoa. Hay algunos funcionarios vestidos de civil tirando arañazos a ver si redondean el día. Igual pasa en la próxima estación, El Rabito, parada número doce en este viaje y, como su nombre lo dice, aquí hay que apretar, porque la exigencia aumenta y la cantidad comercial se triplica. En esta alcabala hay un civil que cobra peaje gubernamental, peaje militar y además mueve las pipas pintadas con la bandera de Venezuela que sirven para detener el paso de los carros.

Mas adelante, frente a la sede del Seniat un militar apostado en la alcabala le hace la seña al chofer y nos volvemos a detener. Aquí la gota derrama el vaso, la orden para el chofer es bajarse del vehículo y entrar a una oficina. El caso es que la alta jerarquía mandó a poner cámaras y ahora la comisión no puede ser entregada tan bandera como antes. El chofer sabe de relaciones públicas y va invicto hasta el momento.

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Y por fin estamos en la entrada del último tramo. Transitamos por la carretera con la mayor cantidad de peajes ilegales amparados por las fuerzas armadas del gobierno. Ahora nos enfrentamos a la organización de la guerrilla. La última alcabala es la entrada a La Trocha y el pago cubre todos los mecates, palos y cualquier objeto que sirva para controlar el paso por un camino de tierra y maleza. Colombia, allá vamos.

Con información de Noticia al Día

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