Leandro Rodriguez Linares
Leandro Rodriguez Linares

Leandro Rodríguez Linarez

A pesar que desde 2007, cuando Chávez perdió la reforma constitucional, el voto fue oficialmente aniquilado, pues a las pocas semanas impuso vía habilitantes el contenido rechazado, en 2015 fue la última vez que los venezolanos confiaron en el sufragio. La grotesca forma cómo las instituciones psuvizadas masacraron a la Asamblea Nacional 2016-2020 fue el punto final de lo electoral, el venezolano dijo adiós a su papel de votante idiota, sencillamente asimiló el voto sin institucionalidad no sirve para nada.

Tampoco debemos olvidar en 2016 el régimen evitó de la manera más obscena posible, jurídicamente hablando, el referéndum revocatorio, una “ñapa” que alimentó la abstención, el chavismo no solo impone condiciones electorales absurdas, sino que también se escabulle de las elecciones a conveniencia.

Ahora bien, se piensa la abstención es solo contra el régimen, contra la psuvización a la fuerza de las instituciones del Estado, aunque esa es la causa principal, el rechazo a la dirigencia política opositora también refuerza el fenómeno abstencionista, los venezolanos castigan las decisiones erradas, como diálogos estériles, y la ausencia de decisiones/resultados, realidades estas que incluso han levantado graves “sospechas” de colaboracionismo.

Zafarse de la abstención no es nada fácil, por supuesto al chavismo le conviene porque continúa fácilmente al mando de las instituciones, recursos y armas de la nación, pero siendo sinceros, lo electoral siempre ha sido un espejismo; ganado o perdiendo instancias, con parlamento o sin él, con “constituyente” o sin ella, el chavismo no ha visto incrementar ni debitar su poder absolutista dentro de país. Lo único que ha cambiado desde que intentó erigir una constituyente es que perdió toda legitimidad y legalidad que poseía, acarreándole, entre otras acciones internacionales, las sanciones.

Para la oposición reconocida (la que gira en torno a Guaidó) ignorar la abstención es sumamente complejo, en primer lugar, tendría que encontrar la manera racional de explicar al país (85% opositor) por qué no se participa desde 2015 y para este 21N si se haría ¿Qué tanto cambiaron las circunstancias para tomar esa decisión? Es difícil de responder cuando, por el contrario, las condiciones son mucho peores.

En segundo lugar, ojalá se entienda, la oposición no controla la abstención, ésta es el sentimiento nacional más espontáneo y arraigado en el país. Creer que por el simple hecho de inscribirse para el 21N los venezolanos acudirán como lo hicieron en 2015 es un costosísimo error que evidenciaría su desconexión con los venezolanos y obligaría un reseteo en este sector político nacional.

En tercer lugar, es necesario tener claro que nadie conoce mejor la situación política de Venezuela que los propios venezolanos. Al respecto, la comunidad internacional siempre sigue “el manual diplomático” que ya se ha aplicado en el país con mismos resultados paupérrimos. Aunque el deseo natural fuese dirimir los problemas del país a través de elecciones, se debe evaluar a sangre fría la funcionabilidad de “lo electoral”.

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 La oposición no debe dejar imponer escenarios ajenos a nuestra realidad. El régimen sigue al píe de la letra “el manual castrista” y no desaprovecha ninguna oportunidad que se presenta para aplastar a sus enemigos, es intransigente en el suma-cero.

La abstención será imposible de vencer si no hay cambios drásticos y sustanciales que permitan al voto recobrar su poder democrático: Premiar, castigar y generar cambios.

@leansrotango

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