Clap casi no llega a los hogares de Venezuela

Una política pública es una acción gubernamental dirigida a satisfacer necesidades y la solución de problemas de la población. Pero que un menudo y deficiente paquete de alimentos, consistente en menos de 10 componentes, sea la política social del actual régimen deja mucho que desear. Máxime de un sistema que se jacta de obrerista, humanista y cristiano para ocultar su esencia profundamente autoritaria de inspiración estalinista que raya en el fascismo. Sin complejo alguno afirmamos que políticas de esa índole fueron superiores durante los 40 años de democracia liberal destruida por el actual régimen neocomunista.

Realmente eso está muy distante del paraíso ofrecido tantas veces por el comunismo en posiciones opositoras desde donde es muy fácil pedir agua para los desheredados de la tierra. Una acción que en nada se corresponde con la promesa marxista: “Del reino de la necesidad al reino de la libertad”. Por el contrario, se trata del aborrecible utilitarismo de la gente con fine políticos invocado por Lenin en su concepción de los “compañeros de viaje” para luego lanzarte al barranco.

Es además una expresión de la gerencia autoritaria que prioriza más lo político en lugar de lo económico. De hacerlo suele incurrir en el garrafal error del terrible estatismo salvaje mezclado con neoliberalismo salvaje entre cuyos efectos tenemos la despiadada especulación de los precios por comerciantes inescrupulosos.

Lo que originalmente quizá estuvo movido por las buenas intenciones de paliar la pésima alimentación que sufre la mayoría de los venezolanos, ha derivado en una serie de anomalías. Esto es como redundar sobre el tema: los componentes de dicha bolsa son casi todos carbohidratos en lugar de las necesarias proteínas que requiere consumir diariamente una persona. Es la repetición errada de las viajas políticas asistencialista y paternalistas del Estado populista que tanto combatieron en el pasado los izquierdistas atrasados que actualmente detentan el poder en Venezuela.

Para una familia promedio de 5 integrantes la cantidad de productos es realmente insuficiente. No sabemos en qué cabeza cabe que con menos de 10 productos se pueda alimentar una familia. Estos combos generalmente llegan al consumidor incompletos agravado en ocasiones por productos de dudosa calidad. La harina es de baja calidad y algunas veces contiene basura peligrosa para la salud. Las pocas proteínas se encuentran de cuando en cuando en una pequeña lata de sardina de 170 gramos que apenas alcanza para una persona. Los frijoles chinos ya cobran triste fama en sus sufridos beneficiarios por similares causas. Con el arroz ocurre igual dejando mucho que desear por convertirse en un pegostre al cocinarlo. Así el llamado combo proteico nunca ha llegado a los sectores más deprimidos. de la población venezolana. La leche y carne están ausentes, precisamente los más ricos en proteínas.

Entregar alimentos en esas condiciones no es nada digno al ser humano sino por el contrario un irrespeto y violación a los derechos humanos.

Así pues, desde su inicio una cadena de irregularidades recorre a este programa social. XI. En 2017 una investigación del diario El Excélsior de México detecta una red de corrupción con la importación de víveres a dólar preferencial. Luego en 2018 el Alto Comisionado de la ONU para los derechos Humanos pública un informe en el cual denunciaba que el programa CLAP violaba normas sobre el derecho a una alimentación adecuada.

Ha sido el propio Jefe de gobierno Nicolás Maduro quien ha pegado el grito al cielo sobre las fallas en este programa. En su queja se refería a la entrega incompleta de la bolsa cuyos productos desaparecen inexplicablemente pues sus componentes son 10 y no menos. De hecho, admitía que algo anda mal en este programa, instando a aplicar correctivos. Aunque eso lo que parece es circo populista para entretener a la gente.

Esta situación es reveladora de la falta de procedimientos en cuanto a controles y seguimiento de esta actividad oficial que permitiría detectar oportunamente vicios y anomalías. Pero en un contexto de corrupción que va desde arriba hacia abajo eso es algo dificultoso. Aparentemente ese mecanismo no existe o funciona a medias revelador de una dudosa gerencia de signo autoritario.

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Las bolsas del CLAP no llenan las expectativas alimenticias de los venezolanos sumidos en la pobreza agravado con la corrupción consustancial al socialismo del siglo XXI.  Un hecho propio de las falsas revoluciones. Pues como decía el “Che” Guevara “Revolución que nace corrupta, muere corrupta”.  Estas son las humillantes migajas de los verdugos a un pueblo que las compra y recibe por necesidad. Son los que no reciben remesas en dólares del exterior sobreviviendo a duras penas con los miserables salarios o pensiones. La nueva desigualdad del socialismo peor a la del capitalismo.-

Freddy Torrealba Z.

Reporte Católico Laico

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