Angelo Rangel vende pulseras con imágenes religiosas para proyectos sociales

Angelo Rangel lidera proyectos sociales en su comunidad de Caracas. Su fe lo llevó a Madrid, España, a un encuentro pastoral con Benedicto XVI, donde llegó luego de vender maltas y pastelitos en Venezuela

La profunda devoción mariana y las ganas de apoyar a los más necesitados en el sector de El Cementerio, Caracas, impulsaron a Angelo Rangel a vender pulseras con imágenes religiosas y destinar las ganancias a proyectos sociales.

Caraqueño, de 28 años de edad, exestudiante de Comunicación Social y con certificación en Reconciliación y Perdón por una universidad colombiana, este joven elabora accesorios bajo pedido y los ofrece a un dólar cada uno. Son tejidos y los más solicitados son las de las vírgenes de Coromoto, de El Valle y del beato José Gregorio Hernández.

No realizó cursos para aprender este oficio. Buscó un tutorial de YouTube y así empezó todo. “Le pedí a una persona conocida que me enseñara y su respuesta fue que si lo hacía, luego yo le quitaría las ventas. Eso me molestó porque yo no quería elaborar las pulseras como un emprendimiento comercial, sino para recaudar dinero y adquirir canastillas, comida y cosas que requiera la gente”, enfatizó durante una entrevista para El Diario.

Rangel es el menor de cuatro hermanos. Conoció, cuando era pequeño, el rostro de la tristeza. Su madre consumía drogas y esto ocasionó que tanto él como los demás niños fueran criados por varios familiares. Con el paso del tiempo, la mujer superó sus problemas de adicción y se convirtió en ejemplo de su comunidad.

“Ninguno de nosotros cuatro agarró el camino del vicio, todos estudiamos. Mis hermanos mayores se apoyan mucho en mí”, expresó.

“La caridad no tiene juicio”

En 2017, Rangel inauguró un comedor en El Corredor, ubicado en la avenida principal de El Cementerio. De lunes a viernes entregan 100 comidas. Entre los beneficiados se encuentran adultos mayores de la zona. “Un negocio cercano nos regala 50 comidas para que podamos cumplir con las donaciones. Algunos han cuestionado que se le dé alimentos a personas, por ejemplo, con problemas de alcoholismo, pero soy de las personas que cree que la caridad no tiene juicio”, sentenció.

El líder comunitario fue, por cuatro años, asistente personal del concejal Fernando Albán, quien murió bajo custodia del Servicio Bolivariano de Investigaciones (Sebin), en 2019. De él aprendió que la solidaridad es un pilar fundamental para el avance de la sociedad.

“Si bien es cierto que para muchos El Cementerio es una zona de violencia, también hay mucha gente valiosa y por eso los motivamos con cursos de peluquería, panadería, por ejemplo. Los muchachos que culminan el de panadería luego nos hacen donativos de este alimento para repartirlos en el comedor”, contó.

Recordó que en 2020, tras la llegada de la pandemia por coronavirus a Venezuela, se reunió con muchachos de la zona y elaboraron máscaras de protección para el personal de salud en el país. Su fotografía se difundió en las diferentes redes sociales. “Hicimos 1.000 caretas gracias al apoyo de la gente, que nos facilitaba el material”, agregó.

Su fe lo llevó a El Vaticano

Rangel, quien hacía vida activa como laico en la iglesia San Miguel Arcángel, tenía un sueño y lo cumplió: ir a Madrid, España. Durante cinco días, cerca de 1.000 asistentes compartieron experiencias de fe en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que surgió como una idea del fallecido papa Juan Pablo II.

“Pudimos ver al papa Benedicto XVI y compartir. Ese viaje fue muy emocionante porque no solo estuve en España, sino que también fui a Italia y Francia. El padre de la iglesia, en El Cementerio, me ayudó al prestarme un espacio del templo para vender maltas, pastelitos y así reunir para el pasaje. Además de eso, limpié casas. El hospedaje me lo facilitaron sacerdotes amigos en los países”, rememoró.

Entre sus planes a futuro está la creación de una fundación “para reproyectar el país a través del reciclaje, la recreación y la reconciliación. Estamos en eso, con los trámites, los papeles”, agregó.

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Aunque pudiera pensarse que las acciones que lidera producen total admiración, casi a diario lidia con algunos usuarios de redes, quienes le cuestionan poner en su timeline de Twitter, detalles de las acciones. “Dicen que lo que hace una mano, que no lo sepa la otra, pero cuando uno trabaja con dinero donado, uno tiene que garantizar transparencia en el manejo de los recursos”, sentenció.

El amor y respeto de sus vecinos lo llevó a ser conocido como “El ángel de El Cementerio”, apodo que no le agrada porque “hay que trabajar con humildad, aportando siempre”, concluyó.

Con información de El Diario

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