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No fue hasta después de la muerte de su pareja cuando He Meili se dio cuenta del significado completo del matrimonio.

Como pareja de lesbianas en China, He y Li Qin mantuvieron su relación casi oculta, presentándose en ocasiones como primas. Esto rara vez molestó a He, hasta que Li falleció por complicaciones derivadas del lupus en 2016 y sus padres le pidieron que les entregara la escritura de su departamento y otros títulos de propiedad a nombre de su pareja.

He, de 51 años y que trabaja en una organización sin ánimo de lucro en la ciudad de Guangzhou, en el sur de China, se ha unido a activistas LGBT y simpatizantes en un llamado a los legisladores para que permitan los matrimonios entre personas del mismo sexo, empleando un canal sancionado por el Estado para evitar las recientes medidas gubernamentales para reprimir las acciones colectivas.

“Me di cuenta de que si las personas LGBT no tienen derecho a casarse, no tenemos protecciones legales”, explicó. “Otros pasarán por lo que yo pasé, y se quedarán sin nada”.

Bajo el mandato del presidente Xi Jinping, el espacio para la sociedad civil y el activismo ha mermado. Activistas por los derechos humanos y sus abogados han sido detenidos, al tiempo que aumentó la censura en internet.

Pero los activistas LGBT han recurrido a una táctica novedosa: enviar declaraciones al Congreso Nacional del Pueblo, el parlamento chino, que, hasta el viernes, pide la opinión de la población sobre el borrador del capítulo “Matrimonio y Familia” del Código Civil.

“Mucha gente me dijo que esta es la primera vez que participan en el proceso legal”, dijo Peng Yanzi, director de LGBT Rights Advocacy China, uno de los grupos responsables de la campaña.

El capítulo “Matrimonio y Familia” es uno de los seis sobre los que el parlamento pidió comentarios a finales de octubre. Hasta el jueves por la tarde, el cibersitio mostró que se enviaron más de 200.000 sugerencias, bien por internet o por correo ordinario, más que para cualquier otro borrador. No estuvo claro cuántos de los comentarios pertenecían a las uniones homosexuales.

En publicaciones en redes sociales, los participantes en la campaña mostraron sus sobres de correos con banderas del arcoíris, el símbolo de la comunidad. En sus sugerencias, compartieron cómo revelaron su homosexualidad, el desafío de lograr la aceptación de sus familias y los obstáculos legales a la hora de compartir sus vidas con una persona de su mismo sexo.

“Este no es solo un gesto simbólico”, dijo Peng. “Realmente tiene impacto en nuestra vida cotidiana”.

Aunque activistas y expertos reconocen que la legalización del matrimonio homosexual está muy lejos de ser una realidad en China, sostienen que las peticiones a través del canal oficial obligarán al gobierno a tomarse la demanda más en serio.

“Hay una posibilidad casi nula de que los cambios sugeridos sean aceptados e implementados, pero esta campaña hace que las demandas de igualdad de la comunidad LGBT de China sean más difíciles de ignorar”, apuntó Darius Longarino, del Centro Paul Tsai de China de la Escuela de Derecho de Yale, que ha trabajado en programas de reforma legal que promueven los derechos LGBT en China.

“Los pedidos sobre el matrimonio homosexual suelen descartarse por ser demasiado marginales y poco importantes para entrar en la agenda política, o por ser inconsistentes con la cultura tradicional china”, explicó Longarino.

En la actualidad, las parejas del mismo sexo en China tienen pocas protecciones legales. Uno de sus miembros puede solicitar ser el tutor legal del otro, pero los derechos que adquiere son una pequeña parte de los que tienen las parejas casadas, agregó Longarino.

SDW/AP

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